

Berberova, Nina
Se trata de una de las mejores escritoras rusas del siglo XX y que vivió casi el siglo entero para narrarlo. Nació en San Petersburgo, en 1901, hija de un funcionario del Ministerio de Finanzas del gobierno zarista, de origen armenio, y de una madre descendiente de la nobleza rusa. Su padre, a la vez que le recitaba poemas de Pushkin, le advertía sobre la pronta caída de los zares. A fines de 1922, cinco años después del triunfo de la Revolución socialista, se fue de Rusia. Junto al poeta Vladislav Jodasiévich -para algunos el amor de su vida-, se fueron primero a Berlín para luego, en 1925, asentarse en París. Allí encontraron a otros tantos escritores emigrados de la rusa soviética, entre ellos Marina Tsvetáieva, Roman Jakobson y Vladimir Nabokov. A los años comenzó a escribir Crónicas de Billancourt, donde retrataba la vida cotidiana de los rusos que vivían en París, entre ellos, veteranos del ejército zarista y en esos tiempos obreros de la fábrica Renault. La vida en París se volvió hostil, por el inicio de la Segunda Guerra Mundial y por la muerte de Jodasiévich en 1939.
En 1950 se mudó a New York sin un peso y sin hablar inglés. Escribía cada vez más aunque sus primeras publicaciones pasaron inadvertidas, a pesar que comenzó a dar clases en las universidades de Princeton y de Yale. En 1966 publicó Lo subrayado es mío, una autobiografía donde narró sus años convulsionados. Sin embargo, su reconocimiento llegó a inicios de la década del noventa, luego de que en 1985 el editor francés Hubert Nyssen leyó el manuscrito inédito de La acompañante. Desde ese momento se publicó toda su obra y Nina Berberova se volvió una de las escritoras más prestigiosas de esa década. La década en que cayó el régimen comunista en su Rusia natal y en otros países de Europa del este.
Murió en 1993, en Filadelfia, mientras se seguían publicando sus libros. Dejó una buena cantidad de cuentos y novelas, varias biografías, entre ellas la del músico Chaikovski, y un ensayo sobre Lolita, la famosa novela de Nabokov.